XX aniversario de los Premios de Investigación Rosario de Acuña

ACTO DE CELEBRACIÓN DEL XX ANIVERSARIO DE LOS PREMIOS ROSARIO DE ACUÑA DE INVESTIGACIÓN

XXPremio2El viernes 18 de mayo a las 12:00 en el Salón de Actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto celebraremos la VIGÉSIMA EDICIÓN DE LOS “PREMIOS DE INVESTIGACIÓN ROSARIO DE ACUÑA” y durante el mismo, se procederá a la entrega de los premios a los ganadores de la presente edición.

 

En La Nueva España

En El Comercio

 

Intervención de D. Héctor Blanco González, como representante de los premiados

Señor consejero de Educación y Cultura, y demás autoridades presentes en este acto, miembros de la comunidad educativa, premiadas y premiados, señoras y señores:

Me encuentro aquí como representante de quienes hemos sido galardonadas y galardonados con los premios RdA durante los últimos veinte años, con el fin de dar voz a quienes en sus dos categorías, estudiantes e investigadores, nos hemos visto recompensados con este reconocimiento.

El objetivo, sinceramente, me parece difícil de cumplir de manera certera ya que es evidente que resulta imposible poder verbalizar aquí las múltiples motivaciones, emociones y experiencias que esta vivencia ha podido causar en el más de medio centenar de personas que de manera inesperada recibimos en un momento dado la llamada que nos comunicó la concesión de este galardón.

En todo caso, e intentando llegar a un punto común, me parece que quizás lo más oportuno sea destacar la existencia de un contexto del que, si no me equivoco, todos somos copartícipes.

Peculiarmente estos premios se convocan vinculados geográficamente a nuestro entorno inmediato -Gijón y Asturias- pero están abiertos a un ámbito amplio de conocimiento, sin restricción temática ni cronológica en cuanto a su contenido.

Resulta significativo que, durante estas dos décadas de andadura, la mayor parte de los trabajos premiados hayan versado sobre aspectos diversos, pero casi en su totalidad vinculados a las denominadas Humanidades y, en especial, a investigaciones centradas en nuestro pasado reciente en sus múltiples vertientes.

Atendiendo a esta realidad podemos decir que para muchos y muchas de nosotros el premio Rosario de Acuña nos ha ofrecido un cobijo grato en un contexto general en el que se nos viene a decir, desde hace décadas, que las Humanidades son algo no prioritario o, incluso, prescindible.

Literatura, historia, arte, geografía, música, filosofía… ámbitos de conocimiento que han ido menguando en los contenidos académicos a pesar de ser esenciales para despertar el espíritu crítico, para comprender el mundo, para entender otras formas de vivir y de pensar, para descubrir valores y contravalores, para fomentar la curiosidad y la creatividad, para hacer actual el pasado, para entender más certeramente el presente y para construir el futuro.

No olvidemos que relegar las Humanidades no ha traído ni un mundo ni una sociedad mejores, al contrario, en muchas cuestiones estamos ante retrocesos evidentes.

Además asistimos hoy a la paradoja de comprobar cómo estando en un contexto de acceso a la información que hace veinte años -cuando se crearon estos mismos premios- era casi ciencia ficción nuestro reto ahora es tener que enfrentarnos, precisamente, a la necesidad de saber buscar, seleccionar, contrastar y valorar ponderadamente esa avalancha informativa. Y a ello ayudan, y mucho, las Humanidades.

Por extensión, quienes desarrollamos nuestra actividad en estos ámbitos también somos partícipes en mayor o menor medida de los peculiares mundillos de la educación y de la cultura, ámbitos que bien sabemos que, cuando vienen mal dadas, son los primeros en los que se mete la tijera -o más bien el hacha- de los recortes y los últimos a los que llegan los eufemísticos brotes verdes.

Por ello, durante estos años pasados –algunos ciertamente difíciles- la referencia de la convocatoria de este premio siempre ha tenido buena acogida, concurrencia y ha despertado interés, sin duda porque ha sido un altavoz que ha permitido mostrar que los prescindibles podemos aportar mucho al presente.

También creo que es un premio especialmente grato para nosotros por dos cuestiones más: por su vinculación a un centro de enseñanza pública y por llevar el nombre de Rosario de Acuña. Sin duda ella sería la primera en estar satisfecha por esta realidad, no porque se perpetuase su nombre -ya que siempre se manifestó reacia a cualquier vanidad- si no porque su nombre lo lleve un centro educativo público, laico y en el que hombres y mujeres reciben igual trato, algo que hace 95 años, cuando Rosario falleció, no era ni mucho menos habitual como ella misma denunció y combatió.

Que durante dos décadas una comunidad educativa haya conseguido mantener en activo estos premios de manera fiel a su propósito original es un mérito más que destacable y no resulta exagerado ni gratuito calificarlo incluso de hito, sobre todo si atendemos a que otros galardones similares como los premios Patac y Uría Ríu han visto suspendidas varias de sus convocatorias durante los últimos años.

Todo esto creo que deja bien claro el valor especial que los premios Rosario de Acuña han tenido para premiados y premiadas, por darnos a entender que nuestro trabajo no es prescindible y que su puesta en valor supone que somos capaces de aportar algo positivo a la sociedad en la que vivimos, esencialmente, conocerla y conocernos mejor.

Supone la satisfacción del reconocimiento por el trabajo hecho y por el acierto en el tema de investigación elegido, permite difundir mejor los contenidos de esa labor investigadora, el importe del premio ayuda a ampliar o abrir otras investigaciones y, no menos importante, también justifica la celebración.

Finalmente, entiendo que todos los premiados y premiadas debemos manifestar aquí nuestro agradecimiento a los miembros de los jurados que durante estas dos décadas se han leído más de medio millar de trabajos para poder llegar a los fallos correspondientes.

También es preciso hacer mención a quienes concurrieron a las distintas convocatorias sin obtener el galardón, pero tras seguir el mismo camino de esfuerzo e ilusión.

Gracias a los responsables de este acto por hacerme copartícipe de este día brillante y ya sólo me queda dar la enhorabuena a los galardonados de este año y desear que se repitan muchos días como este en futuras primaveras, en los que la educación, la cultura y el recuerdo de Rosario de Acuña sean los protagonistas.

 

Muchas gracias